Fanático de clóset
June 11th, 2010 | No Comments
Christopher Walken (Foto: Federico Wilkins)

Pude ver en Nueva York la última función de “Un manco en Spokane” con Christopher Walken (67 años, 1`84 de estatura) nominado para un Premio Tony este domingo junto a Jude Law, Alfredo Molina, Denzel Washington y Liev Schereiber, en la categoría mejor actor. El canal Films & Arts va a transmitir en vivo la ceremonia y el domingo siguiente la pasará otra vez con subtítulos. Me metí al teatro Gerald Schoendeld para ver de cerca a uno de mis actores favoritos. Un tipo que puede decir en cine: “Eres la persona más amorosa que he conocido” y con el mismo rostro: “Tu madre ha muerto, no sabemos que hacer con el cadáver”. Actor de culto le dicen en Wikipedia por su calidad de expresar peligro y amenaza, frecuentemente imitado por Johnny Deep, Jake Gyllenhaal, Eminem y Kevin Spacey, entre otros. Éste último su mejor alumno.
Su nombre real es Ronald y es hijo de un panadero alemán. Trabajó un tiempo como domador de leones en un circo para luego irse a Off-Broadway junto a Liza Minelli. De su catalógo de más de cien películas me gusta mucho “El rey de Nueva York” de 1990. Tiene un Oscar como mejor actor de reparto por “The Deer Hunter” (1978)Para hacer ese personaje atormentado por la guerra de Vietnam estuvo semanas adelgazando en extremo sólo comiendo plátanos, arroz y agua. “El francotirador” (en español) tal vez sea también la mejor película de Robert De Niro, sumar por favor al reparto una impecable Meryl Streep.
La obra de teatro cuenta la historia de un manco que lleva mas de venticinco años buscando la mano izquierda que perdió y que viaja con una maleta llena de manos cercenadas. Tiene una dependencia de Edipo con su anciana madre a quien llama a cada rato. Todo ocurre en la habitación de un hotel en ruinas donde “Carmichael” con garbardina pantalón negro y cinturon por encima del ombligo, está a punto de prenderle fuego a una parejita que tiene amarrados. Los chicos le querían vener una nueva mano cercenada. Es una comedia. Pero igual Christopher Walken no mueve un músculo de la cara a pesar de las risas que desataba esa “montaña rusa de humor negro” como dijo un crítico. El público se pone de pie apenas bajarse las luces del teatro y correr sus cortinas roídas y ver a este gigante de gran magnetismo sentado en silencio en el borde de una cama con la mirada profunda y perdida.
Al final saqué al fanático del clóset y me puse entre la gente que lo esperaba por un autógrafo. Éramos como 70 personas de todo tipo y venidas de todas partes del mundo. Había una chica que le quería entregar una carta donde le pedía ayuda y un niño empujado por su madre a buscar firmas.
Por cada garabato obtenido alzaba el programa impreso y se lo mostraba victorioso a su madre que por gorda no podía estar alante. Finalmente salió el astro con ropa deportiva y escrita en su mano derecha con grueso plumón “LOVE”. Yo fui el último que quedó en su recorrido antes de subirse a la Suburban. Me firmó mi boleto y le dijo a su asistente “Let’s go”. Un cuate que llevaba una mano de plástico sangrando se llevó tambien una firma. Mi vieja cámara Minolta capta el momento que me firma ¡a mí!, la chica que trata de darle la carta y la mano de goma sostenida por la mano real del joven fan.
Electrizante Christopher Walken cara a cara. Tan alto que se encorva. Sus ojos han visto mucho hasta cerrados. Fue junto con Robert Wagner el otro pasajero que iba en ese yate cuando Natalie Wood en medio de la noche trató de encender ebria el yate y amaneció ahogada. Una sombra de intriga que lo persigue desde entonces. En los dos minutos que duró el zafarrancho de los autógrafos me pareció un tipo a quien le aburre la fama y trata de llevar la vida aceptando ser un rostro que no puede caminar en ningún sitio del mundo sin ser reconocido.
Federico Wilkins, México D.F.
Category: Medios, Varios | Tags: Christopher Walker





















