Alejandro Sanz hace esperar a NY

August 7th, 2010   |   No Comments

Nueva York
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Que me perdonen por este día

June 7th, 2010   |   2 Comments

Vine a Nueva York sólo para ver el concierto de Silvio Rodríguez en el Carnegie Hall. Un hecho histórico, por su carrera de poeta amoroso de la Revolución y su vida en Cuba, llena de vetos, castigos y premios. En la hora que vive la Isla, cuando Fidel Castro ha detenido todos los relojes haciendo de la vida de los cubanos una olla de presión, Silvio, ex diputado, ha pedido cambios urgentes en Cuba y una amnistía general para presos políticos.

El contexto de su gira por Estados Unidos y que el Carnegie Hall le abriera su escenario es inaudito. A una calle antes del teatro ya se veía la crispación política que desataba el artista: varias televisoras con cobertura en vivo, cuatro camionetas de la Policía para cargar gente, dos patrullas y, en la puerta, dos patrullas más, gritos a favor y en contra de Castro, malas palabras, empujones, el personal de seguridad del Carnegie Hall en el desconcierto total, los policías, nerviosos, sudando y gritando, reubicaron varias veces la fila del público porque los procastristas se habían colado entre los que compraron su boleto, para parecer que eran más. Ya la Policía había cerrado un carril de la calle para darle un espacio a un par de docenas de anticastristas que, con fotos de mártires, presos políticos y banderas cubanas, gritaban consignas contra Silvio.

Ninguno de los dos bandos entró al teatro, ninguno metió su mano en el bolsillo. Ya Silvio había vendido hacía semanas el Carnegie Hall, y cuando apareció por la izquierda del escenario, saltó el muelle de una adrenalina que inició a las 20:10 y terminó a las 22:30. Con su esposa en la flauta y un conjunto de tres cubano, guitarra, bajo y batería, Silvio Rodríguez, de 63 años, metió su aguijón en la garganta de Nueva York, con un público latinoamericano que más parecían militantes de su repertorio que simples fanáticos.

Armado con su guitarra, jeans, gorrita y medias rojas, sus primeras palabras fueron: “buenas noches, perdonen, no hablo inglés; no es una provocación, es una limitación”. Nadie creía el nivel de euforia que se estaba viviendo, por eso luego agregó, verdaderamente asombrado: “gracias a este público increíblemente entusiasta”.

Con “La Gota de Rocío”, el Carnegie Hall empezó a cantar con él hasta el final. “Están contratados”, dijo. El público no lo dejaba en paz pidiéndole canciones mientras ondeaba banderas de Cuba, de Chile, pancartas a favor de Castro, le tomaban fotos con teléfonos celulares… La gente le pedía sus canciones revolucionarias y él dedicó “Canción del Elegido”, a propósito de su cumpleaños, a uno de los cinco espías castristas confesos presos en Estados Unidos desde hace una década: “Iba matando canallas con su cañón de futuro…”.

Ovaciones como truenos para “El Necio”, “Ojalá”, “La Era Está Pariendo un Corazón”, “Sueño con Serpientes”, “Óleo de una Mujer con Sombrero”, “La Maza”… con “Unicornio” la gente empezó a golpear el piso, patadas, aplausos, gritos.

Concluyó con un inesperado bolero, “Demasiado Fácil”. Un concierto que tuvo a su mejor Silvio a guitarra limpia. Pero no había terminado el delirio: afuera, al salir, el artista cubano Geandy Pavón, había proyectado contra la fachada del teatro la foto de Orlando Zapata, quien murió como resultado de una huelga de hambre en una prisión de Cuba (Geandy vino a conocer a su padre a los 20 años, porque era un preso político en la isla). Otra vez gritos de los que salían del teatro; enfrente, junto al proyector, docenas de personas heridas en el exilio miraban la foto en silencio. Y Silvio, imagino adentro, feliz en su desconcierto por el éxito en el teatro y afuera, como escribiera él mismo, “que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad”.

Federico Wilkins, Nueva York

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Memorias – III

November 24th, 2009   |   4 Comments

¡Sácame de Aquí!

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Federico Wilkins – Reforma

R: No hay como el ME-TRA-ZO. Y nosotros también fuimos a ese concierto. Soberrrrbio. Ahi te va un tip para cuando se te ofrezca otro conciertito:
Llegas con tu coche a Plaza Delta (Cuauhtémoc y Viaducto) lo estacionas, afuera hay un sitio de taxis de confianza, lo tomas y te deja lo más cerca posible a la puerta viaipí que quieras, entras y voilá.
A la salida también hay taxis, bien manchados los cabrones, que te la dejan caer en 200 o 300 pesos, depende de qué tan flojito te pongas, pero igual te llevan hasta por 150 pesos, que sigue siendo una manchadez, pero llegas al estacionamientito, pagas tu boletito, agarras tu cochecito y QUÉ BUENO ESTUVO EL CONCIERTO!!!
Ya veees?
Paty Vela


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Memorias – II

November 24th, 2009   |   No Comments

Como pagará Fidel a Juanes su Paz?

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Federico Wilkins – Reforma


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Memorias – I

November 24th, 2009   |   No Comments

Prenden mecha de la paz… ¡Pum!

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Federico Wilkins – Reforma


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